Me llamo Román Dorronsoro, o mejor Román a secas, que el nombre ya es lo bastante sonoro como tarjeta de presentación sin necesidad de usar el apellido. Estoy al final de la treintena y yo, que no he sido nunca precoz en nada, me temo que estoy metido de lleno en la crisis de los cuarenta. Treinta y nueve años son tres veces trece y debe ser por eso que me siento el triple de confundido que al comienzo de la adolescencia, si bien es cierto, que yo a los trece, mas que un prepúber era todavía un niño en toda regla.
Echándole un vistazo a las manifestaciones conductuales propias de la adolescencia, -cambios bruscos en el ánimo, irritabilidad, hipersensibilidad y bipolaridad entre introversión y extroversión- y a las consecuencias de los cambios físicos y hormonales propios de esa etapa, - las cosas que hacen, les aburren; la mayor preocupación en su propio YO hace que se centran en lo físico y sus propios cambios corporales- me planteo si todo eso dista mucho de cómo me siento hoy. ¿Llegamos a salir los hombres alguna vez de esa etapa que llamamos “edad del pavo”? ¿Nos quedamos estancados, involucionamos, o sencillamente es esta crisis de los cuarenta una segunda pubertad? ¿Cuántos de nosotros no hemos escuchado alguna vez que somos unos Peter Panes?
Navegando por la red para contrastar algunos datos y no meter aquí la pata mas de lo estrictamente necesario, he descubierto que además del Síndrome de Peter Pan existe el antagónico Síndrome de Wendy y me he alarmado ante la mas que factible posibilidad de que padezca ambos. Se denomina Síndrome de Peter Pan al conjunto de rasgos que tiene aquella persona que no sabe o no quiere renunciar a ser hijo para empezar a ser padre. Por otra parte, el complejo o dilema de Wendy viene representado por el papel de esta en la historia de Peter Pan, que representa un modelo de mujer que a falta de controlar su propia vida, hace esfuerzos por controlar la de su pareja a través de un papel maternal. Es un problema que se produce en ambos sexos y a todas las edades. Ante tanto personaje y tanta personalidad múltiple, ya no se si vivo en el País de Nunca Jamás o en los Mundos de Yupi. Tengo que comentarle todo esto a mi psicólogo.
Si, señores, acudo al psicólogo una vez por semana o cada diez días desde no hace mucho tiempo. Unos van al gimnasio a machacarse el cuerpo y otros nos machacamos la cabeza y vamos al “loquero”. El caso es, que mi psicólogo dice que mi lado femenino y mi lado masculino están tan equilibrados, que no me extrañaría que de verdad albergue ambos dilemas y lo peor de todo es que nunca se acabaran los Peter Panes mientras sigan existiendo las Wendys.
Desde siempre me he preguntado si de verdad las personas y en especial el género masculino, maduramos o sencillamente asumimos una serie de roles propios de cada etapa de la vida o jugamos a juegos mas propios de cada edad y fingimos que ya somos mayores y somos capaces de resolver las situaciones y enfrentarnos a nuestras propias responsabilidades; sin embargo , en comunidad y especialmente segregados por géneros, dejamos aflorar al niño que siempre hemos llevado dentro y los hombres sacan a pasear sus necesidades mas básicas dedicándose a jugar a la Play Station para rescatar al párvulo, beber como cosacos y hablar de mujeres para resucitar al sempiterno adolescente y siempre, en general, tratando de olvidarse por un instante de ese ser maduro en el que se supone que se han convertido. Por el contrario las mujeres disimulan mejor pero han estado jugando toda la vida al mismo juego de madres y princesas, cambiando a su barriguitas por un bebe de verdad, a la Wendolin por una visita semanal al peluquero, y al Ken Tropical por un marido de carne y hueso que cuando está con los amigotes se desmadra con la cerveza y acaba con la corbata en la frente como si del indio al que jugaba de pequeño se tratara.
En conclusión, ¿hemos dejado, hombres y mujeres, de ser niños alguna vez? ¿Existe eso que comúnmente llamamos madurar? ¿Es madurar ser capaz de hacer frente y resolver situaciones a la que la vida te enfrenta y que la experiencia te ha dado las herramientas o mecanismos para combatir? ¿Hay un número limitado de situaciones difíciles a las que enfrentarnos que nos haga valorar que definitivamente hemos madurado lo suficiente?